Esta es una historia de esas cosas que nunca piensas que puedan ocurrir, hasta que te ocurren.


Os pongo un poco en situación:
Era un simple traslado de verano entre dos zonas de vacaciones. Con el coche atestado hasta el último recoveco, como casi todos los que tenemos peques solemos hacer. Sabes que son solo 10 días pero hay que ir bien preparado, no estas seguro si hará frio o calor, si esto o aquello lo vais a necesitar, si ese vestido o ese juguete van a hacer realmente falta, es mejor echarlo, ya tu sabes.
…Y por cierto, da igual el numero de peques que tengas, llenaba el coche de maletas y enseres con solo uno niño y ahora con la tercera va igual de lleno, eso si, algo más optimizado.

Como buen padre intento aprovechar hasta el ultimo milímetro, siempre con los márgenes de seguridad de llevar un coche con 3 sillas infantiles. Ya te debes de hacer una idea de como estaba nuestra diligencia.

La distancia que nos separaba eran unos 300 km. Todo el trayecto fue formidable, los niños habían echado una siestecita y no estaban nerviosos. Disfrutaban del paisaje costero y del maravilloso juego del veo veo. Todo genial hasta que en el ultimo cuarto del recorrido, en una subida una de las ruedas decidió reventar.
La tranquilidad cambio en ese momento, conseguimos aparcar a pocos metros en una zona segura. Con la suerte de NO tener cobertura en esa zona, tras señalizar el incidente tuve que andar unos cuantos metros hasta localizar algo de cobertura, llamamos al seguro, y en menos de 30 minutos llego la grúa. Mientras tanto aprovechamos para dar las meriendas (también a la lactante).
Con todas las medidas de distanciamiento, tras revisar, nos confirman que solo había sido un reventón con la mala suerte que al deshacerse acabo parte del rodamiento enrollada en parte donde va la rueda. Era limpiar y poner la rueda de emergencia y podríamos continuar con nuestro trayecto.
Imagínatelo, empezando el atardecer, sin cobertura, 3 peques ya algo alterados, y vaciando el maletero para sacar la rueda de emergencia. Toca respirar…
El asistente hizo el cambio rápidamente, pero ¿… os cuento una cosa que yo no sabia?
LAS RUEDAS DE REPUESTO SON MAS PEQUEÑAS QUE LAS ORIGINALES. ommmmMMM.
Vuelvo a respirar profundamente… y no digo nada de la llanta.
A duras penas conseguimos rellenar el maletero, algunas cositas tenían que ir dentro del coche y aprovechamos un pequeño espacio que quedaba en el cajón portaequipajes del techo.

Dentro de lo malo, todo bien. No ha pasado nada grave, y se ha quedado en un pequeño susto. Cambiar la rueda y punto.

Avanzamos tranquilamente, ya quedan pocos kilometros para poder llegar a nuestro destino. Se esta haciendo de noche y ya tenemos ganas todos de llegar, descargar y descansar algo. Pero no.

A unos 2 kilómetros del final nos esperaba otra sorpresa. En la salida de la autovía se rompió el embrague, no podíamos cambiar de marcha. Conseguimos inmovilizar el vehículo en una rotonda. Los vehículos pasaban con menos velocidad, pero estábamos peor situados. Otra vez poca cobertura y el sol ya hacia un rato que se había marchado. Sin iluminación, salvo la de los coches. Esta vez nos enviaron una grúa y poco después un taxi. Menos mal que era de 7 plazas, ya que nos tuvimos que llevar casi todo, ya que el coche se quedaba durante el resto del fin de semana en un deposito, hasta el lunes. Así que… pusimos las 3 sillas y vaciamos maletas, mochilas, carro doble, cambiador, regalos, juguetes, patinetes, el portátil, … “todo lo necesario”.
Los niños ya estaban cansados, ni que decir de como estaba la de 5 meses. Pero el taxista soluciono un poco los ánimos con unos gorros de pirata que se habían dejado de una despedida de soltero. Al abordaje!!!!
Ahora empezaba a ser un juego pirata. Ellos se lo pasaron pipa en el taxi, que era bastante grande, mientras los mayores hacíamos el traslado de maleteros.

Y te das cuenta que a pesar de las inclemencias, el ver a los peques felices, jugando y divirtiéndose es lo más maravilloso de este mundo.
Que con un sencillo juego o una simple “tontería” de 1 euro puedes cambiar la situación.
Durante todo el rato, intentamos no trasmitirles la preocupación. Y fueron ellos los que nos sacaron la sonrisa al final del día.