La experiencia de la desaparición de una hija que resultó ser una travesura

Era el primer verano completo que pasábamos en el nuevo hogar después de nuestro traslado a otra provincia, otra ciudad totalmente nueva y desconocida para la familia.

Nuestros hijos hab√≠an comenzado las clases, la hermana mayor en su cole, con veinticinco nuevos compa√Īeros y compa√Īeras, todos de edades comprendidas entre 6 y 7 a√Īos, primero de primaria, donde cualquier peque ya empieza a sentirse mayor; y el hermano menor, en la guarder√≠a, un no parar de jugar a diario. Ambos llenos de ilusi√≥n con los nuevos amiguitos y amiguitas. Llevaban tan solo unos meses asistiendo a las clases, pero la adaptaci√≥n estaba siendo un √©xito completamente. Como madre tengo que admitir que esa facilidad desarrollada de forma autom√°tica da una tranquilidad importante.

Una tarde, nuestra hija mayor trajo a casa a una de sus mejores amigas para jugar despu√©s del comedor escolar. Esa tarde iban a aprovecharla jugando juntas desde bien temprano en el patio nuevo. Sobre las cinco de la tarde, entraron al interior de la casa, descans√°bamos viendo la tele, y me preguntaron si pod√≠an salir para avisar a otra vecina y jugar las tres, a lo que me negu√© en rotundo porque dicha vecina ya nos hab√≠a advertido al salir del cole que hasta que no terminara sus deberes, no pod√≠a salir a jugar. S√≥lo quince minutos m√°s tarde, sal√≠ al patio para preguntarles por la merienda, y me encontr√© la puerta de la cancela abierta, sin candado, y las ni√Īas no estaban por ning√ļn lado.

La sensaci√≥n fue extra√Īa, pero en ese instante s√≥lo pens√© que no me hab√≠an hecho caso y que estar√≠an jugando en casa de la vecina, en pleno brote de rebeld√≠a. Lo que no sab√≠a, era que lo peor estaba por llegar.

Llam√© a la puerta de la vecina, y me confirm√≥ que nadie hab√≠a pasado por all√≠, y las calles de alrededor estaban vac√≠as de gente. De repente empec√© a preguntarme a d√≥nde pod√≠an haber ido, si mi hija no conoc√≠a a√ļn la zona ni se manejaba bien por las calles, y la amiga viv√≠a a varios kil√≥metros y era la primera vez que ven√≠a de visita a casa.. las piernas me empezaron a temblar, e inmediatamente avis√© a mi marido para dejar al hermano peque√Īo con una vecina en casa y buscar a las peque√Īas entre los dos.

Nos dividimos: el padre buscando por los parques m√°s cercanos, direcci√≥n a la playa, y yo en direcci√≥n al centro, avenidas, calles… gritaba su nombre con la esperanza de que surgieran de alguna de las esquinas, riendo. Mientras, hab√≠a pasado ya m√°s de media hora. Durante ese tiempo, no sientes nada, s√≥lo act√ļas, cada minuto es importante, son metros de distancia a no se sabe d√≥nde.

Cualquier dato es importante, por lo que buscas apoyo inmediato en las personas que vas encontrando, describes a las ni√Īas, su altura, su ropa, su pelo… cualquier dato que pueda identificarlas para alguien que haya pasado cerca. Es fundamental conservar la calma, los sentidos deben de estar al cien por cien, y el lamento deber pasar a un segundo plano porque no es m√°s que una p√©rdida de tiempo y energ√≠a. Las palabras “rapto”, “desconocidos”, a√ļn est√°n escondidas.

Despu√©s de cumplirse la hora desde la desaparici√≥n, llamar al padre en varias ocasiones por si tuviera alguna informaci√≥n, y tener a casi quince personas buscando a las ni√Īas por la ciudad andando, en bicicleta, en moto, etc.. en un radio de m√°s de un kil√≥metro a la redonda, decido poner una denuncia en la Polic√≠a Local para que alg√ļn coche patrulla colabore en la b√ļsqueda, as√≠ que me llevan hasta la Jefatura, donde comienzan a hacerme preguntas sobre mi hija y su amiga, descripci√≥n f√≠sica una vez m√°s, y hacemos un c√°lculo sobre la posible distancia recorrida en ese tiempo por dos ni√Īas de tan solo 7 a√Īos.

En esa situaci√≥n, mi cabeza comienza a no dar cr√©dito de lo que estoy haciendo…en plena Jefatura de Polic√≠a local, y denunciando la desaparici√≥n de mi hija y de su amiga. Hay que seguir manteniendo la calma.

Una vez que salgo del edificio, decido buscar en coche desde varios kilómetros más adelante, en dirección a casa, por avenidas y calles paralelas, preguntando desde la ventana del vehículo a los viandantes.

En un esfuerzo por dar sentido a las posibles indicaciones que pudieran resultar √ļtiles, pregunto a una se√Īora que esperaba a su hija en la puerta de una academia de baile flamenco, respondi√©ndome que si, que las ha visto “hac√≠a unos diez minutos paseando juntas, riendo. Cruzaron el paso de peatones siguiente en direcci√≥n norte.”

En ese mismo momento todo comenz√≥ a tener sentido…En la direcci√≥n en la que iban, unos metros m√°s arriba, estaba el colegio, una zona relativamente familiar para las dos… pero el colegio estaba cerrado, por lo que no ten√≠a mucha l√≥gica.. De repente, record√© que m√°s arriba del colegio, a unos doscientos metros, viv√≠a la abuela de la amiga, a quien hab√≠a tenido el gusto de conocer en una ocasi√≥n, as√≠ que dirig√≠ hacia su casa.


Llam√© al telefonillo, y en un esfuerzo por intentar que no se me notara desesperada, le hice una pregunta muy sencilla…”¬ŅUsted recuerda que hoy su nieta se ven√≠a a casa para jugar con mi hija, verdad?” -“Pues, precisamente ahora acaban de llegar aqu√≠ las dos”.

Enseguida not√© c√≥mo desaparec√≠a toda la tensi√≥n… ten√≠a ganas de re√≠r y de llorar a la vez, y no sab√≠a si al ver a mi hija la iba a abrazar o a castigarla de por vida… Las dos bajaron al portal con cara de “si, hemos metido la pata, pero pens√°bamos volver”. Al parecer se les hab√≠a ocurrido ir a casa de la abuela de la amiga para merendar, sin tener consciencia de distancias ni horarios.

Acto seguido, despu√©s de abrazarla y re√Īirle a la vez, llam√© a mi marido por tel√©fono, que a√ļn segu√≠a busc√°ndola con algunos vecinos, y a la Polic√≠a Local. Todos los vecinos nos estaban esperando en la puerta de casa. El resto de la tarde la pasamos en casa hablando tranquilamente con ella, transmiti√©ndole nuestra preocupaci√≥n y haci√©ndole entender que no se puede salir de casa sin permiso de mam√° y pap√°. Por suerte, todo qued√≥ en una acci√≥n inconsciente.

Para todos los pap√°s y mam√°s, decirles, que, si en alg√ļn momento pasan por una situaci√≥n similar, no pierdan la calma, conf√≠en en sus instintos, aprovechen cada minuto de la b√ļsqueda, pidan ayuda, denuncien a la Polic√≠a Local cuando consideren que ha pasado un tiempo razonable sin respuestas, y ante todo, no pierdan el √°nimo y la fuerza.