Queremos compartir esta información que nos parece fundamental para toda mamá que quiera dar el pecho a su bebé.

Durante el embarazo comenzamos a pensar si debemos hacer algo con nuestros pechos, en particular el pezón, para luego poder amamantar a nuestra hija o hijo al nacer.

Circula por internet mucha información un tanto confusa, que en la mayoría de los casos lo que pretende es vendernos algún producto, crema, aceite, potingue… y ahí nos surge la gran duda ¿tengo que preparar mi pecho para amamantar?

Para eso hemos recurrido a Yadily Magdalena Rivero, ella es mamá de dos peques, enfermera especialista en Lactancia. Forma parte de la Asociación Española de Consultoras certificadas en Lactancia Materna (IBCLC, International Board Certified Lactation Consultant por sus siglas en inglés) y trabaja día a día ofreciendo cuidados y apoyo a familias en cuestiones relacionadas con salud y bienestar desde el Proyecto Albura.

Esto es lo que nos ha explicado:

Claves para una lactancia exitosa

Cuando hablamos sobre lactancia siempre suele surgir alguna idea con respecto al pezón: forma, tamaño, si sobresale o no… nos preocupa y pensamos que es fundamental para una lactancia exitosa, olvidando a su excepcional colaboradora en este trabajo en equipo: la areola.

La areola (del latín “pequeña area”) es la zona circular que rodea al pezón, con color y textura diferente al resto de la piel del pecho. Puede variar muchísimo entre mujeres y el cambio de tamaño y color es característico durante el embarazo. Tiende a aumentar y a oscurecerse con el objetivo de facilitar al recién nacido su búsqueda al nacer. También podemos observar unas pequeñas protuberancias, como granitos, que crecen en tamaño y/o cantidad: son los “Tubérculos de Montgomery” acompañados de las glándulas que reciben el mismo nombre.

Estas protuberancias son esenciales durante la lactancia, facilitan el agarre de la boca del bebé (el bebé no debe abarcar solo pezón, sino gran parte de la areola, especialmente la parte inferior), ejercen estimulación táctil durante la búsqueda del pecho y sus glándulas se encargan de la lubricación, hidratación y protección del conjunto areola-pezón, por eso no es necesario estar lavando el pecho continuamente ni hidratarlo.

Asesora de Lactancia Materna
Yadily Magdalena Rivero

Yadily

Madre de dos hijos y enfermera especialista en lactancia.

Durante el embarazo es habitual dudar si nuestros pechos serán adecuados para amamantar. Uno de los grandes mitos de la lactancia es que debemos prepararlos para ello.

Además, segregan sustancias que estimulan el olfato del bebé y aportan un olor similar al líquido amniótico.

Por esta razón, las recomendaciones acerca de preparar el pezón, hidratar el pecho, lubricar la zona, aplicar pomadas, etc. no tienen sentido y pueden anular los efectos de las glándulas.

En resumen, ducha diaria con agua y jabón (mientras más respetuoso con la piel y menos componentes, mejor), por supuesto. Aplicarme cremas, perfumes, pomadas, lanolina y cualquier producto hidratante, pues no es necesario, anula nuestra protección e hidratación natural e interrumpe la comunicación olfativa con nuestro bebé.

¡Que viva la areola! (y sus glándulas)