Comenzamos a hablar de Primaria, esa etapa educativa donde nuestros peques ya comienzan a sentirse mayores y donde los padres y madres empezamos a asumir un papel más protagonista en sus estudios.

En esta materia, tenemos la suerte de contar con Dª. Pilar López Diufaín, maestra en Pedagogía Terapéutica, integrante del equipo de maestros del C.E.I.P. Raimundo Rivero, en San Fernando, Cádiz.

¿Qué podemos destacar de la educación primaria?

Para nuestra experta, “la educación primaria es una etapa fundamental en la vida de las personas. Siempre recordamos nuestras experiencias en el colegio como cruciales en nuestro desarrollo, no sólo por los aprendizajes sino también por su importancia socializadora y afectiva.

El sistema educativo actual es demasiado sensible a los cambios políticos. La educación es un derecho humano fundamental, no deberíamos utilizarlo para hacer propaganda o crear rivalidad entre ideales. Debería existir unanimidad y mayor estabilidad pues la educación pública para todos y todas es un derecho incuestionable y un pilar de la sociedad. Al margen del partido político que presida el gobierno.”

Sobre los valores y destrezas que piensa se trabajan más en Primaria, todos y todas tenemos una opinión acerca de la educación, a todas las personas nos incumbe pues somos participes de ella y también estamos inmersas en nuestro propio proceso de aprendizaje que es la vida. Pero debemos concluir que existen valores humanos globales como la igualdad, el diálogo, el compromiso, el apoyo mutuo o la solidaridad. Creo que también estamos de acuerdo que debemos desarrollar el máximo de nuestras capacidades y que el alumnado con necesidades debe recibir la máxima calidad educativa en un contexto lo más inclusivo y normalizador posible. Pues la discapacidad no es de las personas, sino de la propia sociedad incapaz de darle un lugar a todos y todas.”

Es nuestra labor docente desarrollar herramientas y buscar la forma de conseguir todo esto, que el alumnado proyecte lo mejor de sí mismo en el progreso de la sociedad, que se sientan personas desarrolladas y autónomas y contribuyan a un mundo mejor. Es nuestro trabajo, sí. Pero sería de agradecer que la propia institución nos dejara trabajar.

La reivindicación que persigo es muy sencilla. No estoy diciendo que la normativa educativa sea idílica, me parece razonable, constructiva y útil. Cualquiera que desee echarle un vistazo verá que hay muy buenas intenciones. Pero es un auténtico desafío, favorecer el trabajo autónomo, a la vez que cooperativo, la adquisición de todas las competencias , las metodologías activas o el Diseño Universal de Aprendizaje (posibilitar herramientas de aprendizaje para todas las formas diferentes de aprender) superando 24 alumnos/as por clase, a veces sin espacios habilitados en la escuela (porque no cabemos) o sin profesionales necesarios como monitores/as (PTIS) o mediadores/as comunicativos. Después dirán que la natalidad ha bajado y que nos cierran una clase de nuestro centro…a costa de desbordar las que quedan disponibles.

Es triste ponerse a reflexionar sobre la dificultad real de este trabajo y concluir que no son los conflictos reales de nuestra labor (que por supuesto los tenemos) sino la indiferencia de la institución ante estas necesidades que son generalizadas. Pero bueno, con esto seguimos esforzándonos por innovar y evolucionar a la medida de los tiempos que corren; en un sistema que se nos presenta estancado en recursos y que nos compara con modelos nórdicos como el de Finlandia, donde el máximo de alumnado por clase es de 20.

No quiero dar a este artículo el matiz de la queja, sino más el de acción, el de enriquecimiento, el de futuro, que al fin y al cabo es con lo que nos topamos cara a cara en nuestro trabajo, con el futuro. Con el futuro o con cientos de futuros, multiplicados por sus múltiples posibilidades e inmerso cada uno en su realidad familiar y social con sus también ,múltiples formas de evolución e interacción. Quizá se pueda decir que cada día rozamos el infinito, y eso lo podemos decir sólo los maestros y maestras (bueno, y también los astronautas).

Pilar López Diufaín

Maestra en Pedagogía Terapéutica
Equipo de maestros en el C.E.I.P. Raimundo Rivero.

La educación primaria es una etapa fundamental en la vida de las personas. Siempre recordamos nuestras experiencias en el colegio como cruciales en nuestro desarrollo, no sólo por los aprendizajes sino también por su importancia socializadora y afectiva.

El infinito es sinónimo de todo, por ello en la educación todo importa.

El infinito es sinónimo de todo, por ello en la educación todo importa. Los medios de comunicación, la alimentación y hábitos, la cultura y lo que es más importante sin duda alguna: La familia… Una cosa que me gusta siempre recalcar en las tutorías, es que estamos en el mismo barco. Maestros/as y familia, que no podemos “ir por libre” que tenemos que buscar la manera de ofrecer mensajes coherentes a los niños y niñas. Somos su referente y no podemos permitirnos contradecirnos, criticarnos o decir que el trabajo de uno de nosotros/as es inadecuado. (Al menos delante de los niños/as) . El alumnado está construyendo sus ideas sobre el mundo y debemos evitar enseñarles a justificarse, victimizarse, o echar la culpa al otro… Seguro lo hacemos por el bien pero lamentablemente a largo plazo no se traduce en el bien.

Debemos evitar crear referentes inseguros e inciertos como los que creamos al establecer relaciones discordantes entre los agentes educativos, sino mas bien referencias de confianza, constructivas, dialogantes y por supuesto, fuertes. Ya que si no, es posible que los niños y niñas busquen otros referentes que le transmitan mas confianza y equilibrio , como un youtuber,un tik toker, o un jugador de fútbol. Cuando en realidad la admiración debe proyectarse hacia lo cercano, para aprender a valorar el tesoro de tenernos como familia y educadores/as.

Si alguna vez me equivoco como maestra o piensas que debo de mejorar en algún aspecto (que son y serán muchos) por favor, dímelo con naturalidad y confianza porque estoy para eso, no me juzgues o critiques, no me amenaces o viertas insultos sobre mí delante de esas personas en desarrollo que están construyendo sus principios y su noción de responsabilidad. Ojo, esto también debemos aplicarlo los/as profesionales, no solo en esta profesión sino en todas, pero sobre todo donde trabajamos con personas.

Este es nuestro barco, todos/as deseamos el bien de los niños y niñas, aunque no tengamos la misma dirección, podemos arreglárnosla para que sea como sea, seguir avanzando.

Perdonen este imperativo crítico que me ha dado, que al final también quiero que adquieran los niños y niñas, que interpreten la realidad para analizarla y poder mejorarla. Desde luego falta hace…

El lugar que tenemos hoy las personas que ejercemos la docencia, pese a todo, solo puede darme una inmensa gratitud. Al fin y al cabo viajamos al futuro todos los días, compartimos su evolución, nos nutrimos de ella, e intentamos ser mejores para estar a la altura de lo que está por venir.