cuidar mi hijo recien nacido

Historia de una padre que cuenta cómo afrontó los problemas de salud en el nacimiento de su primer hijo

Cuando llevas meses esperando que tu primer hijo venga a este mundo, el día que nace es el momento más feliz de tu vida y el primero de muchos otros que esperas que lleguen con él entre tus brazos.

Pero un minuto después de ese gran acontecimiento, el primer hijo de ambas familias, que llevan esperando varios meses a que se haga realidad, los abuelos deseando la llegada del esperado nieto, también los tíos, en fin, todo el mundo pendiente, y justo después del parto te dicen que tu hijo tiene ciertos problemas, que no es perfecto, que no es el que ponen en las fotos de los escaparates o catálogos de ropa infantil, que viene con defectos y problemas que puede arrastrar el resto de su vida.

En ese momento la verdad es que uno no piensa en nada más que en qué hay que hacer, cuál es el siguiente paso, y los próximos en la siguiente semana.

Comienzas a apuntar lo que el doctor te comenta, te dice que debes apuntarlo ahora mismo a un proceso de rehabilitación en el hospital, el niño trae deficiencias, problemas visibles y los que no se ven, que seguirán analizando a ver qué tiene, pero que debe empezar al día siguiente una rehabilitación.

En ese momento, la verdad es que no tuve mucho tiempo para pensar, todo pasa muy rápido, sobre todo comenzar a hacer los papeles para que al día siguiente mi hijo iniciará ese proceso de rehabilitación que nos habían recomendado los doctores después del parto.

Son segundos, no da tiempo a plantear ninguna desdicha o a lamentarse, solo piensas en hacer todo lo posible para que tu hijo vaya evolucionando, que tu tiempo es suyo y no planteas nada más, no piensas en un futuro a largo sino un presente, en ese momento no tienes otro foco que esa pequeña criatura que no mide más de dos cuartas, que se encuentra al lado tuya en su pequeña cuna.

No piensas en los familiares, en ese momento no son conscientes de qué está pasando, porque el bebé está tapado, arropado y no hay evidentes signos del problema que tiene, pero el médico ya te lo ha dicho, tiene que comenzar un proceso de rehabilitación, sin saber muy bien que pasa.

Así que al instante te cambia el chip, y ya te conviertes en un robot automático de ayuda que empieza a seguir los pasos que le marcan todos los especialistas.

Sin pensarlo mucho, lo primero que hice al día siguiente fue llamar a mis compañeros de trabajo y decirles que dejaba el empleo, que había cosas más importante en esta vida que el trabajar por un salario, una frase que solté por teléfono mientras tenía mi bebé con problemas en una cuna durmiendo.

Mi mujer empezaba a ser consciente de que nuestro hijo había venido al mundo con problemas, todavía no sabía cuántos ni de qué nivel, pero pensaba en cómo se lo iba a decir a los abuelos, que todavía no sabían de qué iba la película, pero ella era consciente de que había que empezar a explicarle el tema.


El día siguiente del parto

Estando en el hospital, siendo el segundo día de vida de mi hijo, fui a la sección especial para temas infantiles, el lugar donde se encargaban de los bebés que nacen con problemas y pedir reserva de plaza en rehabilitación para comenzar a hacer la terapia desde hoy mismo, y también de que me informaran de los pasos que tenemos que hacer cuando salgamos del hospital.

En ese mismo instante no eres consciente de todo lo que hay a tu alrededor, solo el objetivo de rellenar el siguiente papel y de cumplir los requisitos que te piden, además de aplicar los protocolos que te han pedido los médicos.

En ese momento no estás pensando en la magnitud o en la amplitud del problema que tienes, no hay otro camino que andar, andar y andar, que hacer, hacer y hacer, todo para empezar a ver que tu hijo evolucione mejor, en ese momento desconoces a qué te vas a enfrentar, qué podrás encontrar en un futuro, y sobre todo, desconoces todo.

No eres muy consciente de que no te has preparado para esta situación, nadie te ha dicho qué hacer si tienes un niño con problemas, si no es el niño perfecto que todos quieren.

Comienzas a plantearte que todos los que vayan a tu casa para verlo debes contarle la realidad, que sepan que esta pasando, no tiene sentido ocultar nada, y menos cuando afecta a toda la familia.

Debes inspirar confianza en todas las personas que tienes alrededor, tienes que pensar en positivo y decir que va evolucionar de una manera natural como otros bebés, no puedes dudar, solo te queda trabajar con tu hijo de la mano de los profesionales. No hay otra salida, siendo el primer niño de ambas familia, que era muy deseado y esperado por todos, es una situación en la que yo mismo decidí, no ocultar nada, así entenderían que todo el tiempo que tenía se lo iba a dedicar a mi hijo y a mi mujer, a la familia.

La madre, después de varias horas pasadas del parto, de calmar esos dolores y de poder dormir tranquilamente, empezaba a ser consciente de que su hijo tenía problemas, comenzaba un pequeño periodo de depresión, de angustia, de auto culpa de porque su hijo no había nacido normal, como todos los que había alrededor nuestro. También tuvo que pasar por un periodo de reflexión, que fue corto, con la misma energía y fuerzas, comenzó a afrontar la situación al igual que yo.

Era una situación dura por mi parte, pero como no me había planteado nada, ni me había dado tiempo a reflexionar, simplemente comenzar a hacer cosas, a atender mejor a mi mujer, y a realizar todos los esfuerzos posibles para que mi hijo evolucionara hasta el grado máximo que podría llegar.

Yo no estaba resignado, sino que no tenía otro objetivo en la vida que mi hijo y mi mujer, que se habían cambiado de golpe los actuales por otros, que era un objetivo muy válido.

En el trabajo entendieron la situación, algo que luego se alargo casi 2 años, y no hubo ningún otro reproche por parte de nadie, a la familia poco a poco se le fue explicando la problemática y comenzamos ese periodo de rehabilitación, de análisis, de pruebas que fueron unos meses.


Comenzamos la rehabilitación

En los primeros días nos explicaron los daños físicos evidentes, los que eran visibles, y cómo teníamos que trabajar para ir mejorándolos, al mismo tiempo que se hacía la rehabilitación en el hospital varios días a la semana.

Por otro lado se comenzaron a hacer diferentes pruebas, para comprobar que todos los órganos de su cuerpo estaban correctos.

Con el paso de los primeros meses, se fue detectando la problemática que tenía mi hijo, y que en este caso no era nada muy grave, eran ciertos falta de desarrollo en su morfología, así como un cierto retraso en otros aspectos, no era algo tan grave como podían ser ciertas enfermedades que llevan al límite a la familia.

Cuando acudíamos al hospital, al lado teníamos la sección de oncología, y en otra la de niños que tenían deformaciones, y para nosotros era duro ver como otras madres y padres acudían todos los días al hospital con la esperanza de que sus hijos evolucionaran.

Fue la primera vez que fui consciente de la dificultad que es ser padre de hijos con problemas, como les cambia la vida en un momento y como se convierten en auténticos héroes para sus hijos, y de como el personal del hospital se entregaba para ayudarlos y motivarlos.

Aprendí una gran lección, solo escucha a los doctores y profesionales del hospital.

No había nada más que hacer que seguir a los doctores y los pediatras desde ese mismo momento, dejamos de escuchar los consejos de cualquier otra persona, solo acatábamos las indicaciones que nos hacían desde el hospital los diferentes profesionales que íbamos visitando.

Se fueron descartando muchos problemas después de hacerle pruebas a mi hijo, porque siendo tan pequeño hay ciertas pruebas que no se podían hacer o realizar, a poco se fueron haciendo diferentes test, descubrí que el problema de mi hijo no era tan grave, aún así seguíamos andando el largo camino y desarrollando en casa muchas pautas de trabajo.

Una de las cosas que hicimos rápidamente es montar un gimnasio en casa, trabajábamos con mi hijo desde el día 1 de su nacimiento, luego empezamos a ir a la piscina a partir de los 18 meses de forma regular, tan pequeño le daba angustia, porque para un bebé de apenas meses meterse en la piscina con un fisioterapeuta no era algo muy agradable, sobre todo la época del frío, sabíamos que era por su bien, pero lloraba cuando veía la piscina.

Marcamos algunas pautas en casa, no ocultar el problema, trabajar con nuestro hijo todas las sesiones diarias que nos recomendaban los rehabilitadores y por supuesto, anteponer cualquier celebración, fiesta, cumpleaños, por encima del cumplimiento de las terapias que nos decían los médicos, de esta forma dejamos de acudir a ciertos eventos siempre pensando en el bien del nuestro hijo.

La situación fue poco a poco mejorando de ánimos por parte mía y de mi mujer, qué fue viendo la evolución de nuestro hijo dentro de los problemas que tenía como algo natural y cada avance era un logro, y la verdad es que en pocos meses no te dabas ya cuenta de que tu hijo tenía problemas, de una forma continua acudir a las sesiones de rehabilitación, y en casa se trabajaba todo lo que indicaban los médicos y pediatras.

Decidimos que acudiera a la guardería pasado los primeros 18 meses, nos recomendaron que no debía de forzarse nada en su desarrollo, empezó a andar mucho más tarde lo mejor que otros niños, trabajamos mucho el gateo, nos habían indicado que la psicomotricidad en esa edad es muy importante para luego ayudarle a mejorar su desarrollo de adulto.

Aprendimos muchas cosas que otros padres hacían mal, por ejemplo, a no usar esas bandolera famosas que ahora se pone la gente para pegarse al niño y llevarlo con la columna recta con muy pocos días o meses de vida, herramienta muy mala para nuestro hijo, y en general para todos los niños, los padres cometían un error al obligar al menor a sostener la cabeza y la columna de una forma antinatural, dado que su columna no está preparada para soportar ese peso y por eso los niños no empiezan a andar hasta normalmente pasado los 12 meses, había que dejar que se desarrollará de forma natural, pero hay padres que llevan a sus bebés como si fuera una mochila algo los médicos nos advirtieron que era algo muy malo.

Nos advirtieron también de los taca taca o andadores, que no eran nada beneficioso para el desarrollo del niño desarrollo de la forma de andar y desarrollo de todo la el esqueleto de la pelvis y de su forma de andar, era un elemento que ellos no recomendaban a los niños.

Así como otros gadget que se venden en el mercado y que precisamente le hacen muy mal a los niños durante su primera fase de crecimiento, pero a veces las modas son muy peligrosas, y los papás se creen muy guays por usar ciertas cosas que en verdad son malas para los niños.

También aprendimos a que nuestro hijo siempre debía vestir de forma normal, evitare ponerle cadenas, collares o cualquier otro tipo de elementos que se pudiera tragar, que había una cierta tendencia a veces a regalarle cadenitas a los niños o pulseras, y que algunos niños se atragantaban con ellas y que precisamente no hacía falta a tan temprana edad a ponerle ningún tipo de abalorio.


Siguientes años

Después de los dos primeros años nuestro hijo seguía haciendo su rehabilitación, el trabajo diario, estábamos mejorando todos los problemas de psicomotricidad y otros temas que él llevaba con retraso, empezó a acudir a la guardería y luego al colegio, y durante estos años ha ido evolucionando muy bien con toda la problemática que tenía desde el nacimiento, de tal manera que ahora, excepto nosotros sus padres, nadie se da cuenta de los defectos físicos y del retraso que tiene en el desarrollo de psicomotricidad y algunos otros aspectos de su vida, se ha integrado de forma muy normal dentro de la comunidad educativa y de su colegio.

En el colegio son conscientes de los problemas que ha tenido desde que nació, ha tenido tareas especiales durante el curso y en el verano.

Sabemos que nuestro hijo siempre va a arrastrar cierto retraso en algunas funcionalidades física, pero que no son fundamentales para poder disfrutar de la vida, que en cierto momento de su etapa infantil si ha tenido problemas para hacer cosas normales de otros niños, como por ejemplo subir a un árbol o escalar una pared, pero que no le ha llevado a tener muchas frustraciones, y nosotros sus padres intentar mitigarlas en lo máximo posible.

Ha aprendido a tener que desarrollar otras habilidades.

Actualmente disfruta de una vida plena y feliz, apenas tiene vagos recuerdos de cuando íbamos al hospital, de las revisiones con los médicos, de cuando hacía las rehabilitaciones y cuando tenía que ponerse corsé y otros instrumentos para la espalda.

Solo me queda dar las gracias a todos los médicos, profesionales, rehabilitadores y otros profesionales que nos han ayudado durante este tiempo a que nuestro hijo se desarrolle lo mejor posible.


La realidad que otros padres no quiere ver

Una vez que estás en el hospital y tienes que acudir con tu hijo regularmente todas las semanas varios días, descubres la dificultad que tienen los profesionales en su día a día, la escasez de recursos y como tienen que lidiar con recortes y la planificación de los hospitales que a veces no es la más óptima.

Cuando comienzas a visitar las plantas donde tratan a bebés y niños enfermos, vez la situación que tienen muchos padres y madre cuando tienen un hijo con problemas, ya sean leves o graves, al final todos tienen problemas y tienen que acudir al hospital afrontarlos, y sobre todo a dejarse la vida en intentar sacar adelante a sus hijos apoyados y ayudados por todos los profesionales y los médicos.

Por ello cuando pienso que en el momento en que nos dimos cuenta de que mi hijo tenía problemas, no nada más importante que el avanzar, el seguir adelante, apoyarte en tu mujer y familia, y en tener un objetivo claro, que ese niño sea lo más feliz posible durante el resto de su vida.

Cuando estás en esa situación aprendes a valorar todo mucho, te pones triste cundo descubres que mucha de las problemáticas que los papás y las mamas que se dan en los colegios son nimiedades comparadas con los problemas que verdaderamente se ven en el hospital.

Cuando descubres los conflictos que se generan entre padres, entre alumnos, y que las discusiones que a veces se ven en la puerta del colegio son estúpidas, pienso en el tiempo que estuvimos acudiendo al hospital y la verdad es que no das crédito a cómo se generan conflictos.

Problemas mucho más grandes e importantes son los de la salud, pero que como están dentro de las cuatro paredes de un hospital infantil nadie los ve, las madres que han sufrido dentro de este sitio saben a que me refiero, padres que han visto como sus hijos se frustran por no poder hacer algo que parece normal o que tienen problemas de verdad que no le deja desarrollar una vida normal, ven los otros problemas como algo más simple de solucionar, que se pueden afrontar de manera más sencilla y no generar tanta agresividad dentro de un entorno escolar.

Yo mandaría a esos papás que generan conflictos por todo a que pasaran a trabajar seis meses al hospital cuidando a niños enfermos, y verían como se relativizan mucho los conflictos dentro del colegio.