Capítulo 2: Preparándonos para contárselo a los niños

Tras el primer impacto y aun en shock la preocupación que se hacía más fuerte era ¿cómo les iba a afectar la nueva situación a los niños?. 

En los últimos años he coincidido en el trabajo, en formaciones y en otros lugares a personas que estaban separadas y con peques. Las experiencias que me contaban era de una dureza y de un sufrimiento que me hacía desear que mis hijos nunca tuvieran que pasar por ahí, esto me ha hecho aguantar más de lo debido y causarme algún que otro problema de salud, pero no quería que mis hijos pasaran por lo que me contaban pasaban los hijos de estas personas que se cruzaban por mi vida, creía que a mi nunca me iba a pasar y vaya si me pasó, vaya año más entretenido que me tenía preparada la vida, pero esto te lo voy a contar más adelante.

Tenía pánico a que llegara el momento en que el padre dijera adiós, sabía que sería él, nunca yo. Tenía, y a veces creo que la sigo teniendo, la creencia de que todos los peques de padres separados acaban teniendo problemas psicológicos por la separación y eso me volvía loca. Mi niños, porque son dos niños, mis tesoros, a los que no dejaba que rozara el viento cual madre leona, entraban a formar parte de ese grupo de peques que acaban, según mi creencia, en el psicólogo por problemas asociados a la separación de sus padres. Sentía rabia, miedo, enfado y emociones que no sabía gestionar y que dolían más que la ausencia de mi “todavía marido”.

A veces creía estar en una pesadilla, sentía vértigo y miedo a todas horas.

No exagero diciéndote que a veces creía estar en una pesadilla, pensaba que eso no me podía estar pasando ¿cómo era posible, si a mí nunca me iba a pasar?, se me descomponía el cuerpo del vértigo y el miedo que me entraba.

Entendía lo ocurrido como un acto de egoísmo y de abandono del padre por querer tener una vida distinta y que rompía la estabilidad emocional de sus hijos, esa de la que tanto habíamos hablado, leído y apostado por hacerlo bien aunque supusiera un esfuerzo. No digo que fuera así, pero así lo sentía y lloraba de dolor porque se me escapaba de las manos, porque ahí no sabía cómo protegerlos ni tenía estrategias para acompañarles. Así que, como en casa somos muy de pedir ayuda, eso hicimos y fuimos a ver a un psicólogo infantil muy amigo de la familia para que nos ayudara con el primer paso: ¿Cómo le contamos a los niños que nos separamos?.

En ese momento, aún convivíamos, fue durante esa última semana que vivimos los cuatro juntos sabiendo que eran los últimos días con esa estructura familiar. Tanto el padre como yo poníamos por delante la preocupación por los niños, saber utilizar las palabras adecuadas para que no hubiera inseguridades ni miedos.

Lo primero que nos dijo este psicólogo fue: “vosotros no estáis para separaros, os miráis a los ojos y estáis unidos tomando decisiones conjuntas. Debéis aplazar la decisión, creo que os estáis apresurando”. Frustrante. Yo contesté abiertamente: “no tiene que ver conmigo, es una decisión de él”. Y él aseguró que estaba convencido, no había marcha atrás. Sabía que podía ser una decisión de la que se arrepintiera toda la vida, pero tenía que hacerlo.

 La situación llevaba cinco años superándole, justo los años que acababa de cumplir nuestro hijo mayor, curioso pero no extraño para mí.

Tras una introducción por parte del psicólogo de las cuales no recuerdo nada, pasamos a hacerle las preguntas que llevábamos en un papel, escritas a mano por mí pero consensuadas por los dos. Aún tengo el papel y te prometo que te las voy a contar todas con sus respuestas pertinentes, estoy segura de que son de gran ayuda. Al menos para mí lo fueron y me ayudaron más de lo que podía creer. 


¿Cómo se dice esto, sin destrozarle el corazón?

Justo lo que te estaba contando era: ¿Cómo se lo decíamos? ¿Qué explicaciones les damos a unos niños tan pequeños? Son chicos, pero algo hay que decirles y a poder ser que salvemos los trocitos de corazón cuando se le rompan, ¿se le romperá?

Se centró en el mayor ya que el peque de 15 meses ni andaba, imagínate lo de entender. Nos tranquilizó diciéndonos que, con 5 años la inmadurez es tan grande aún que fácilmente se adaptaría a la situación sin grandes consecuencias. Una premisa clara por esa inmadurez fue la de, no se habla de sentimientos de pareja con esa edad. La forma de enfocar la salida de papa de casa debía ser natural, con pocas palabras y adaptado a la madurez del niño. Como él iba a su casa temporalmente, o eso creíamos, la recomendación del psicólogo fue clara. Es una noticia que va a dar el padre a toda la familia, incluido a mí y a su hermano pequeño, de este modo no se siente el foco. 


La vuelta a casa la hice sola, él quería pensar y hablar a solas con el psicólogo. Sensaciones raras, éramos pero no éramos, estábamos pero no estábamos, unidos pero no juntos, y ahora a por lo más duro, pensaba, decírselo a mi niño mayor. El niño que tiene una sensibilidad tan grande que sufre por una hormiga que va sola. Esto me quitaba el sueño y forcé que sucediera lo antes posible, ya no podía convivir más con él y el momento de la noticia me atormentaba así que, al lio!.

Decidimos que fuera un Miércoles, para que al día siguiente hubiera cole y no hubiera mucho cambio de rutinas ya que su papá seguiría recogiéndolos de casa, los vestiría mientras mamá se iba a trabajar y cuando desayunasen irían al cole con papá, como siempre hasta ahora. A ellos les venía bien no alterarles mucho las rutinas pero tampoco acostumbrarlos a algo que luego, les fuéramos a quitar. No sé quién necesitaba más que no le variaran mucho las rutinas si ellos, o yo misma para no ver que lo que estaba pasando era verdad. Nos habíamos separado o mejor dicho, como proceso que es, nos estábamos separando.

RECOMENDACIONES SENCILLAS PARA DAR LA NOTICIA SIN MIEDO A EQUIVOCARTE

Esta historia no es más ni menos que mi experiencia personal, vivida en mis carnes. En esto no hay verdades o mentiras, no hay acuerdos o desacuerdos con otros profesionales. Son las recomendaciones que nos dieron en el momento y que a nosotros nos ayudaron a salir airosos de una de las conversaciones más complicadas que hemos tenido, aunque nuestro peque tuviera corta edad.

A modo de resumen, esto es lo que nos recomendaron, y lo que seguimos para acordar cómo se lo contaríamos:

  • No hablar de sentimientos a no ser que el niño pregunte, si pregunta es que tiene el nivel de madurez suficiente para escuchar la respuesta. Pero no le despertemos preguntas que no se había planteado. Nada de decir, papa y mamá ya no se quieren; papa se ha desenamorado de mamá, etc..
  • En nuestro caso el papá se iba, de momento, a casa de de la abuela por lo que el mensaje era ese, sin emoción ni hablar de sentimientos
  • Pocas palabras, directivos y sin dramas, con naturalidad. Tal y como nosotros se lo planteáramos, así lo entendería. 
  • La conversación debía ser en casa, que es  donde el niño se siente  seguro y la hora de la cena aunque parezca mala hora, nos recomendó que era la mejor. 
  • Era el padre quién tenía que dar la noticia, incluyéndome a mí como interesada de la noticia, y yo apoyarla con actitud positiva.
  • Los mínimos cambios de rutinas ni de caprichos para compensar la noticia.

CUANDO LLEGA EL MOMENTO DE LA VERDAD

Llegó el temido Miércoles, no os puedo describir las sensaciones que tenía, indescriptibles. Tenía miedo, mucho miedo a la reacción, a no saber gestionar la situación, a venirme abajo y llorar si lo veía destrozado. Por mi cabeza pasaban todos los escenarios posibles, y ninguno de ellos me enseñaba que fuera a salir bien. En ese momento, él y yo seguíamos siendo equipo pero ya empezábamos  a ser más conscientes que esto iba en serio.

Creo recordar que compré las pizzas que a mi peque grande le gustaban y organizamos cena familiar. Durante la cena, los nervios eran evidentes y cada uno manifiesta los nervios de un modo. En mi caso me pongo a hablar sin parar, como un loro, conversaciones sin sentido. Las miradas entre él y yo hablaban por si solas: ¿Qué hacemos? ¿Ya? Tengo miedo, y yo…. Preparados, listos… YA!

Y esto fue literalmente lo que sucedió:

PAPA: “Familia os tengo que contar una cosa, a mamá, al peque grande y al peque chico

MAMÁ: ¿sÍ, cuéntanos?

PAPÁ: He decidido que a partir de hoy me voy a ir a dormir a casa de la abuela, y me quedaré allí. 

MAMÁ: Ah Vale! ¿Y eso? ¿Te apetece?

PAPA: Si, quiero dormir alli. “

En ese momento fue brutal lo que sucedió. Mi peque mayor me miró para ver cómo yo reaccionaba y por tanto saber cómo tenía que actuar él. Lo tomaría como yo me lo tomase, literalmente nos dijo el psicólogo y así fue. Justo entonces sonreí con una naturalidad que aun no comprendo de donde salieron esas fuerzas y contesté: 

MAMÁ: A mi me parece bien papá, si es lo que quieres y te hacer feliz me parece genial. 

PEQUE GRANDE: Claro papá es normal, quieres estar con tu madre…..”

Yo lloraba por dentro, estaba viviendo uno de los momentos más difíciles que he afrontado, en cualquier momento se podía romper el corazon de mi peque y entonces mi rabia podía desatarse. No fué así, al menos en ese momento.

El papá se despidió dando las buenas noches y diciendo: “Venga ya a la cama, que mañana estoy aquí pegando voces para que os despertéis y os deís prisa en llegar al cole”

Peque grande y yo sonreímos y le dijimos: venga vete ya que nos vamos a la cama, hasta mañana!!!! 

Y ENTONCES SI…………….SE FUÉ!